Al final de los tiempos..
Cuando la indiferencia se volvió nuestra bandera paralizamos la existencia, y sin embargo se siguió moviendo.
Hechas un guiñapo de recuerdos caminamos por calles que no tenían más pasos, seguimos actuando, aun a sabiendas de que en el guión no teníamos más diálogos.
Pasamos todo el día pensando en los posibles desdoblamientos del yo, pero sobre todo, del tu.
En todo este tiempo hemos seguido un montón de veces las instrucciones para llorar de noche, aun no sabemos como detenernos de mañana.
Nos volvimos locas gritandonos anécdotas y volvimos locos a los demás, los hicimos preguntarse si alguna vez escuchamos lo que conversamos.
El recuerdo de hombres de hojalata nos ha matado más de una vez, increíble pero cierto, siempre encontramos como resucitar, al fin y al cabo, seguimos siendo electricidad a la distancia.
Teorizamos sobre la ausencia, sobre la forma en que la arena excenta a las huellas de lo finito y planeamos viajes para validar nuestras hipótesis de lo paranormal.
Hoy en el final de los días, volvemos a la playa para apoyar nuestros pies donde sus huellas yacerán junto a las nuestras.
Hoy, al final, tenemos la certeza de que sobrevivimos, de que fue difícil, pero no tanto...
Hoy, cuando empezó a hacer frío, cuando las fotografías mentales se empezaron a colocar sobre las calles, en el momento justo en que pudimos identificar los lugares y ponerle nombre a los rostros, nos dimos cuenta de que lo que escribimos aquí podría ser lo que queda por decir en el tiempo después de la muerte (Ginsberg, Ginsberg!!!)
Saliendo de la crisis editorial me doy cuenta que si no fuéramos dos en este viaje escalonado, el viaje no existiría más, y el final, seria realmente la última palabra escrita sobre este espacio en blanco.
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